¿Llegar y llevar? Reflexiones en torno a la adopción de software libre o de código abierto en archivos audiovisuales latinoamericanos.

By September 21, 2017Blog

***English version below***

Las dificultades que enfrentamos en los archivos audiovisuales – desde el deterioro hasta la obsolescencia tecnológica – son transversales y afectan a todos los archivos por igual, pero si focalizamos el análisis a la región latinoamericana, nos encontramos con otro tipo de problemáticas, entre ellas la dificultad – y a veces imposibilidad – de acceder a las tan necesarias tecnologías digitales para llevar a cabo nuestras tareas de preservación. No es ninguna novedad decir que el acceso a ciertas tecnologías esenciales para la preservación de archivos audiovisuales es literalmente nulo en el caso de muchas organizaciones – desde archivos nacionales hasta pequeños archivos comunitarios. Profundizando aún más en este tema, en su investigación Film Archives, Cultural History and The Digital Turn in Latin AmericaJuana Suárez reflexiona sobre las dificultades que enfrentan los archivos fílmicos en latinoamérica producto de la llegada de las tecnologías digitales, en cuyo análisis abarca además nuestros contextos políticos, culturas institucionales, aspectos financieros, educativos, entre otros.

Así, la tecnología nos presenta un nuevo obstáculo que sortear, pero al mismo tiempo nos ofrece soluciones interesantes si sabemos cómo saltar esos muros (pareciera ser una cosa de actitud más que de realidades, de ver el vaso medio lleno, si así se quiere). En la era digital la disponibilidad de herramientas para las más diversas tareas ha facilitado la resolución de problemas, más aún cuando hablamos de software libre o de código abierto. Particularmente en el mundo de los archivos audiovisuales, y para la fortuna de los que tenemos pocos recursos, la comunidad ha sido muy activa en el desarrollo de herramientas de este tipo para la resolución de tareas puntuales.

Dentro de mi experiencia en el trabajo con archivos en latinoamérica como consultora y principalmente a través de mi participación en el programa APEX de NYU, he podido conocer distintas realidades en la región, y no ha podido sino sorprenderme la baja adopción de las herramientas de código abierto en esta parte del planeta, que en teoría, deberían ser una respuesta clara para la aplicación de flujos de trabajo de preservación en el ámbito digital, pues ayuda a sortear una de las mayores dificultades para las instituciones culturales: el financiamiento.

Con el fin de obtener un sondeo general y recabar algunos datos más precisos para entender la situación, me embarqué en la aplicación de una breve encuesta que difundí en los pocos y muy cerrados canales de comunicación que tenemos los archivistas audiovisuales en esta parte del mundo, o al menos a los que yo tengo acceso (puedes ver los resultados preliminares abajo y CONTESTARLA AQUÍ si aún no lo has hecho – sólo disponible en español). Si bien no es un examen exhaustivo de la situación, y habiendo muchísimas más aristas que considerar, me ha dado pautas para iniciar una reflexión en torno al tema. Además, contacté a mi colega Jeannette Garcés del Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional para conocer de su experiencia y opinión (con Jeannette llevamos años desmembrando problemas archivísticos y compartiendo soluciones, café y galletitas).

Entonces, la pregunta del millón: si basta tan sólo con una conexión decente a internet y una computadora, ¿por qué no hemos podido insertar este tipo de software en nuestra práctica profesional?

Una de las desventajas más preponderantes según la encuesta fue el requerimiento de conocimiento técnico previo para su uso junto con la falta de soporte técnico a disposición. No puede sino llamarme la atención este resultado. Si bien es cierto la posibilidad de personalizar este tipo de herramientas requiere de conocimientos de informática – pues se debe modificar el código fuente del programa – muchos softwares ofrecen una versión descargable en GUI (interfaz gráfica de usuario) que por lo general no requieren de grandes conocimientos técnicos para su uso e instalación. Sin duda el problema aquí es más profundo, así que hurguemos!

Desde tu perspectiva y experiencia, aunque no hayas usado ninguna, ¿cuáles son las DESVENTAJAS de usar herramientas libres y/o de código abierto?

Desde tu perspectiva y experiencia, aunque no hayas usado ninguna, ¿cuáles son las DESVENTAJAS de usar herramientas libres y/o de código abierto? / From your perspective, even if you haven’t used any, what are the DISADVANTAGES of using free and(or open source tools?

La preservación de imágenes en movimiento siempre ha tenido asociado un componente tecnológico intrínseco, tal componente ha variado con el tiempo, transformándose en flujos de trabajo casi puramente digitales, a los cuales ha sido difícil adaptarse, y no sólo por una cosa de recursos económicos. Esto implica que el perfil profesional del archivista audiovisual ha cambiado, requiriendo conocimientos técnicos digitales específicos, a diferencia de los entornos análogos a los que normalmente operaban. Jeannette me mencionaba que desde su perspectiva parece cada vez más relevante contar con conocimientos de programación, no sólo en archivos, pues te proporciona independencia en el desarrollo de soluciones específicas.

Desafortunadamente, en latinoamérica no existen muchas opciones de educación formal en archivos audiovisuales, y quienes administran estos archivos vienen mayormente de otras áreas afines (casi siempre estudios de cine o de medios), se han educado en el extranjero, han aprendido con la práctica, o, lisa y llanamente, no cuentan con conocimientos específicos para enfrentar el problema. En la encuesta, entre los que no usan estas herramientas, al preguntar por las razones de no adoptarlas el resultado es bastante conclusivo: falta de conocimiento. Pero la desinformación puede tener varios orígenes. El desarrollo profesional no sólo se da en las aulas, también en la práctica y en la participación de redes profesionales. Esta última, o la falta de ésta, desde mi punto de vista, es nuestro más grande obstáculo. A modo personal, cuando comencé a trabajar en archivos, recuerdo haber sentido una sensación de abandono al buscar respuestas locales a problemas a los que me enfrentaba en el trabajo con las colecciones, lo que me llevó a buscar referencias fuera de región.

Si no has usado herramientas libres indica brevemente por qué / If you haven't used free tools indicate briefly why

Si no has usado herramientas libres indica brevemente por qué / If you haven’t used free tools indicate briefly why

Siguiendo en esa misma línea, la consideración de falta de soporte técnico como una desventaja, se deriva igualmente de esa falta de organización profesional y pobres redes de contacto. Las bases y sustentabilidad de este tipo de herramientas se apoya en la presencia de comunidades fuertes y comprometidas, que retroalimentan el crecimiento y mejoramiento de los códigos a través de su uso y de la participación activa. Estas redes se encargan tanto de solucionar problemas de aplicación y ejecución, como en generar la documentación adecuada para un uso correcto. Para ser miembro de la comunidad – y esto se relaciona también al punto anterior – tampoco es necesario tener conocimientos de programación, pues gran parte de la solución de problemas proviene del feedback de la comunidad en general, tanto usuarios regulares como avanzados. Reportar un mal funcionamiento, por ejemplo, es algo que cualquier usuario puede hacer y que ayuda enormemente a mejorar la performance del software. Cada uno aporta con su grano de arena y todos aprendemos de todos.

Pues bien, la pregunta es entonces, ¿por qué nos cuesta tanto participar en las comunidades que desarrollan estos softwares? Muchas de estas comunidades/herramientas tienen su origen en otras zonas geográficas y por ende, en otros idiomas, lo que evidentemente dificulta nuestra integración (y aquí hago referencia a la tercera desventaja más votada). En nuestra conversación con Jeannette hablamos sobre como siempre nos hemos adaptado al uso de software en otros idiomas, principalmente en inglés, adoptando los términos literales en ese idioma. Pero claro, en este caso no basta con traducir el software, pues debo ser capaz de comunicarme con el resto para transmitir mis inquietudes y necesidades, de forma que dicha herramienta se transforme en algo útil. Nuestra tendencia es a decir “no hace lo que yo quiero, no me sirve” cuando tal vez lo correcto sería “cómo hago para esto haga lo que yo quiero”. En ese sentido, también debo ser capaz de comunicar si encuentro algún obstáculo que requiera de conocimientos adicionales, pues es ahí donde la comunidad realiza esfuerzos para rellenar los baches educativos desarrollando herramientas de entrenamiento ajustadas a esos requerimientos. Esto está sin duda ligado a las expectativas que tenemos de las herramientas en general, pues tendemos a adaptarnos a lo que ellas nos ofrecen en vez de identificar nuestras necesidades para luego buscar la herramienta adecuada. Tendemos además a copiar lo que hace el resto, pues si a ellos les funciona por qué no a mi. Jeannette me explicaba que era precisamente este concepto el que trataron de revertir al establecer la base de datos actual del Archivo – que está diseñada con software libre y que usan de forma paralela al catálogo de la biblioteca. Esto dado a que necesitaban recolectar información específica sobre las colecciones y acceder a ella de forma rápida para poder tener control intelectual sobre ellas.

Desafortunadamente, la falta de organización de los profesionales de archivos en latinoamérica nos golpea por varios frentes. Sabemos muy poco los unos de los otros, no hemos sido capaces de formar masa crítica y por ende de desarrollar investigación y academia en torno a nuestro quehacer, tenemos claridad de nuestros problemas pero no tenemos una plataforma de comunicación donde podamos buscar soluciones conjuntas, por lo mismo, a ojos de nuestros colegas en otras latitudes, aparecemos como una masa difusa y acéfala. Si pudiéramos articular una organización regional más o menos sólida tal vez podríamos apropiarnos de estas herramientas y adaptarlas a nuestras realidades, documentarlas y generar redes de aprendizaje, o mejor aún, generar herramientas propias.

-Pamela Vizner

Resultados Preliminares de la Encuesta (PDF):

Ver Resultados / Survey Results

ENGLISH VERSION

Reflections on the adoption of free and open source software in audiovisual archives in Latin America.

The difficulties audiovisual archives face—from deterioration of materials to technology obsolescence—are transversal to all archives and affect them all equally. If we put our focus on the analysis of the Latin American region, however, we find other types of issues, among them, the difficulty—and sometimes impossibility—to have access to the needed digital technologies to accomplish our preservation tasks. It is not news to say that access to some technologies that are essential for the preservation of audiovisual archives is literally nonexistent for many organizations, from national archives to small community ones. To provide further analysis regarding this matter, Juana Suárez explains in detail in her research project Film Archives, Cultural History and The Digital Turn in Latin America the difficulties archives in Latin America must overcome as a result of the arrival of digital technologies. In addition, her analysis incorporates our political contexts, institutional cultures, financial issues, educational backgrounds, among others.

Thus, technology presents itself as both the obstacle and the solution; it gives us interesting tools if we know how to jump over these walls (it seems to be a matter of attitude more than about tangible problems, to see the glass half-full if you will). In the digital era the availability of diverse tools has largely facilitated problem-solving, even more when talking about open source software. Particularly in the world of AV archives, and luckily for those of us who do not have many financial resources, the community has been very active in developing these types of tools for specific archival tasks.

In my experience working as a consultant for archives in Latin America and mainly through my participation in NYU’s APEX program, I’ve been able to learn about different realities in the region, and I’ve been bewildered by the poor adoption of open source tools in this part of the world. In theory, these tools should be a clear answer for the application of preservation workflows in the digital domain since they offer alternatives for one of the most common hurdles for cultural institutions: funding.

In order to obtain a quick snapshot and to gather more precise data to understand the current situation, I initiated a brief survey that I circulated in the few and very closed communication channels that AV archivists have in this part of the world, or at least the ones I have access to (you can see the preliminary results above and answer it HERE if you haven’t done so already – available in Spanish only). Although it is not a comprehensive study, and considering there are other areas to draw upon, it has provided some guidelines to start this reflection. Additionally, I contacted Jeannette Garcés, a colleague from the Audiovisual Archive of the Chilean National Library, to learn about her experience and opinions (over the years we have discussed archival issues and shared solutions, cookies, and coffee).

The million dollar question is then: if you only require a decent internet connection and a computer, why are we unable to integrate this software in our professional practices?

One of the most predominant answers, according to the survey, was the requirement of previous technical knowledge and lack of tech support available. I was honestly startled by this result. While it is true that the possibility of customizing these tools requires tech knowledge—because you need to modify the source code—many of these software offer a GUI (graphical user interface) version, which often don’t require any technical skills for use and installation. There’s no doubt that this is a deeper problem. So, let’s dig in!

The preservation of moving images has an intrinsic technological component associated with it, which has varied over time, transforming nowadays into purely digital workflows that have been hard to adapt to, not only for financial reasons. This change implies a transformation in the professional profile, requiring very specific digital technical skills, as opposed to the analog contexts professionals were used to operating in. Jeannette mentioned that from her perspective it seems every day more relevant to have programming skills, not only in archives, since it provides independence in the use and development of specific solutions.

Unfortunately, in Latin America there aren’t many options for formal education in the area of media archiving and archives managers come mainly from similar areas of study (mostly cinema or media studies), have received formal education abroad, have learned from practice, or simply don’t have enough background to approach these issues. Going back to the survey, for those who acknowledged not using these tools, when asked about the reasons, stated unanimously: lack of information. But disinformation can have many origins. Professional development not only occurs in the classroom, it also happens in practice and through participation in professional networks. The latter, or its absence, from my perspective, is our biggest obstacle. In my experience, back in the days when I had just started working in archives, I remember feeling the isolation when looking for local solutions, which finally drove me to look for answers outside of Latin America.

In that same vein, the consideration of lack of tech support as a disadvantage is equally derived from this lack of professional organization and limited contact networks. The foundations and sustainability of these types of tools are supported by the presence of strong and committed communities that provide feedback to allow growth and improvement of source codes through their use and active participation. These networks are responsible for solving application and execution problems, such as generation of appropriate documentation for better use. To be a member of these communities – and this also relates to the point above – it is not necessary to have programming skills, since most of the problem solving has its origin in the community as a whole, from both advanced and regular users. Reporting bugs, for instance, can be done by anybody and it represents valuable input to improve the software’s performance. Everyone contributes their two cents and everybody learns from everybody.

The question is then, why is it so hard for us to participate in these communities? Many of these tools/communities originate in other geographic areas, thus in other languages, which obviously obstructs our integration (this was, by the way, the third most voted disadvantage). In our conversation with Jeannette, we discussed how we have always adapted to the use of software in English, even integrating English terms into our language. However, in this case only translating the software—although valuable—is not enough since I must be able to communicate with others to transmit my questions and needs for this tool to be truly useful. Our tendency is always to say, “it doesn’t do what I want, I can’t use it,” when maybe the right statement would be “how do I make it do what I want?” In that sense, I must also be able to communicate if I require additional knowledge to overcome obstacles, so the community can make efforts to develop educational tools adjusted to those requirements. This is also tied to the expectations we have from tools in general, since we tend to adapt to their functions instead of identifying our needs first, and then seeking out the right tool. We tend to copy what others do, because if it works for you then, why wouldn’t it work for me? Jeannette told me that it was precisely this approach they tried to reverse when establishing the Archivo’s database. The system is designed with free software and used as a complement to the library’s catalog. This database was developed to gather specific information about collections and have quick access to it so they could have intellectual control over them.

Unfortunately, this lack of professional organization in Latin America strikes us from many sides. We know very little from each other, we haven’t been able to form a critical mass to develop research and academia around our activities, and we have clarity about our problems but we don’t have a communication platform to search for common solutions. Therefore, in the eyes of our colleagues in other latitudes, we appear as a headless, blurry mass. If we were able to articulate a somewhat coordinated regional organization we could perhaps borrow these tools and adapt them to our realities, document them and create educational networks, or better yet, create our own.

Pamela Vizner