Conferencia AMIA 2017: Diversidad, equidad, inclusión y participación internacional

By December 8, 2017Blog

***English version below***

Las últimas dos versiones de la Conferencia de AMIA (Asociación de Archivistas de la Imagen en Movimiento, por sus siglas en inglés) han tenido un foco especial y muy necesario, cuyo objetivo va más allá de las actividades que realizamos a diario como profesionales, sino que se centran en discusiones orgánicas sobre la cultura y el entorno que la organización ofrece a sus miembros y a su misión y visión colectiva.

Las discusiones sobre diversidad en AMIA ciertamente no son nuevas entre sus miembros, pero es destacable que ocurran dentro de un marco formal, lo que evidencia el interés por avanzar en esta materia – tanto por parte del consejo como por parte de los miembros que la constituyen. Por esto, me parece fundamental que los miembros de la comunidad internacional de AMIA reflexionemos al respecto, nos integremos a las discusiones y seamos activos en este camino en busca de la inclusión. Por otro lado, no es novedad tampoco que AMIA históricamente ha sido una organización compuesta mayormente por profesionales estadounidenses y que la participación internacional es siempre limitada y tiende a ser segregada, lo que ciertamente no favorece en la integración de nuevas voces, ideas y puntos de vista a la profesión desde un espectro amplio. Aunque mi perspectiva es la de un miembro que viene de un país con menos recursos, me parece que estos problemas son aplicables para todos los miembros de la comunidad internacional, ya sea si tienen o no buena situación económica; el asunto no es sólo sobre recursos sino también de representatividad.

La conferencia magistral de este año correspondió a DeEtta Jones, experta en transformación de la cultura laboral, diversidad, inclusión y justicia social. En su presentación, DeEtta hizo hincapié en dos conceptos que me gustaría profundizar desde el punto de vista de nuestra minoría: equidad e inclusión.

Trataré de explicar brevemente (y no con la maestría de la experta por supuesto) las definiciones que DeEtta nos presentó. Ella ilustró la diferencia entre igualdad y equidad con el muy conocido esquema de los niños que miran un partido de béisbol:

Imagen: http://www.theinclusionsolution.me/equity-vs-equality-eliminating-opportunity-gaps-education/

 

La imagen de la izquierda muestra una situación de “igualdad”, donde a todos se les presentan las mismas oportunidades, pero sus condiciones dispares no les permiten a todos disfrutar de los mismos beneficios. La imagen del centro muestra la “equidad” como es practicada usualmente. Todos tienen el mismo beneficio, pero para que aquello ocurra es necesario quitarle a otra persona y darle a otra. Por esta razón, representa una equidad falsa, pues es cierta en la medida en que existen los recursos y condiciones para cumplirla, pero los recursos no son infinitos, y cuando éstos escasean y las condiciones cambian la equidad se rompe. Un problema adicional es que los beneficios que son aceptables están dados de acuerdo a aquellos en posiciones de privilegio, en este caso, la posibilidad de poder ver sobre la cerca. La tercera imagen es el ideal: el problema no radica en los individuos ni en sus características, sino en el contexto. En la imagen, el problema real es la cerca de madera que les impide a los niños disfrutar del juego por igual sin importar sus condiciones individuales.

En el contexto de AMIA y desde mi perspectiva, las situaciones 1 y 2 cuentan con ejemplos claros. Ejemplo de la igualdad fue el afortunadamente extinto valor único de inscripción a la conferencia que impedía que muchos profesionales de países con menos recursos pudieran asistir (ahora existen valores diferenciados, aunque siguen siendo altos) [1]. Un ejemplo de la segunda situación son las ayudas económicas que se ofrecen para cubrir gastos de viaje a la conferencia. Lejos de estar en desacuerdo con estos apoyos—yo misma he recibido (con muchísima gratitud) estas ayudas en el pasado—me parece que no son la respuesta definitiva a los problemas de falta de participación internacional [2]. En este caso, asistir a la conferencia (la que por lo demás nunca se ha desarrollado fuera de Norteamérica) representa el estándar aceptable, la aspiración, este es nuestro equivalente “mirar sobre la cerca”.  Bajar esta barrera de acceso para miembros con pocos recursos es sólo posible con más recursos económicos, los que son escasos y limitados. Más aún, la asistencia a la conferencia de un miembro de la comunidad internacional requiere de más recursos que de alguien local, además de contar en la mayoría de los casos con ingresos por debajo de los estándares estadounidenses, lo que refuerza aún más la desigualdad.[3]

Lo publiqué en Twitter y lo vuelvo a repetir: la cerca de madera de AMIA es llevar la conferencia (o acercar la organización) a los miembros internacionales, no al revés. Esto no necesariamente implica literalmente llevar la conferencia a otras latitudes—aunque sería algo que muchos de nosotros agradeceríamos—sino que acercar los recursos y beneficios de la organización a aquellos que no tienen las facilidades de asistir de forma presencial a los eventos. Este debate se dio igualmente en las plataformas de discusión de AMIA, especialmente dentro del Comité de Participación Internacional, mientras se redefinía su misión, por primera vez desde que se creara el comité. La tecnología debería facilitar esta tarea: sitios web, webinarios, publicaciones online, transmisiones en vivo, listas de contactos y foros, etc. La imaginación da para mucho.

Para una equidad efectiva, evidentemente el asunto de idioma es un problema que no podemos obviar. Afortunadamente, y gracias a la participación voluntaria de miembros de la comunidad internacional que traducirán su contenido, el nuevo sitio web de AMIA (que será lanzado en las próximas semanas) contará con una traducción inicial al español, que se extenderá a otros idiomas en el futuro en la medida que haya miembros voluntarios que quieran aportar con traducciones en otras lenguas. Me parece que este es un paso fundamental para iniciar un acercamiento a comunidades de habla hispana, tanto en Estados Unidos como en América Latina, sin embargo, podríamos igualmente hacer un mejor trabajo para integrar a los miembros de la comunidad que sí puede asistir, por ejemplo, ofreciendo traducción simultánea durante la conferencia para al menos algunos de los panelistas.

Ahora bien, el acceso a la comunidad de AMIA y sus recursos no es suficiente para asegurar la inclusión. Como DeEtta mencionaba, la diversidad no implica integración. No basta con tener un cierto porcentaje de participantes y panelistas internacionales para asegurar que tenemos un diálogo profesional. La participación internacional en AMIA, aunque mínima, ya existe, pero nos cuesta mucho integrarnos al diálogo. Tendemos a ser “afuerinos” y nuestros planteamientos y problemas quedan ajenos a las discusiones del resto de los miembros. El idioma sin duda tiene mucho que ver, pues nos vemos forzados a expresarnos en una lengua que no nos pertenece y que muchas veces entorpece la efectividad de nuestro discurso lo que no ofrece un entorno cómodo.

Sin embargo, a pesar de estas dificultades, muchos de nosotros apreciamos y vemos el beneficio de pertenecer a esta comunidad. AMIA ha sido siempre diversa temáticamente, aunque no en su orgánica. Su beneficio radica en que es una organización de individuos, lo que de por sí implica mayor libertad, un lugar de discusión profesional abierta y sana, experimentación y transformación. En el caso particular de los profesionales latinoamericanos, la participación en AMIA tiene valor agregado dado que el peso de las instituciones tiende a silenciar a profesionales de ramas medias como técnicos y administrativos de rangos intermedios que muchas veces no pueden participar de otras organizaciones internacionales en representación de sus instituciones. No quisiera dejar de mencionar que me parece que estas instancias internacionales no anulan la necesidad actual de contar con una organización regional en América Latina. De hecho, serviría como puente para una pertenencia más activa en organizaciones como AMIA.

El inicio de las discusiones abiertas en torno a estos temas y la toma de acciones concretas hacia una organización más inclusiva son buenas señales de avance. Como una organización de individuos, depende también de nosotros aprovechar las instancias existentes y generar nuevas de forma de atraer a profesionales no-estadounidenses que aportarán a la diversidad de nuestra comunidad y finalmente a un desarrollo más equitativo y balanceado. Nuestro rol es ser los puentes que permitan llegar a más profesionales extranjeros, mediar en AMIA para que la inclusión sea efectiva y aprovechar las instancias que AMIA ofrece para divulgar nuestra labor, conocimientos y recursos a colegas que hasta ahora no tienen acceso a ellos. Por otro lado, también esperamos que la asociación se comprometa a apoyar estos cambios, y este compromiso implica una visión, objetivos claros y eventualmente también recursos económicos.

Espero por un futuro en donde, tal como ocurrió con el Comité de Diversidad (el que ha cesado funciones de forma voluntaria con el objetivo de integrar las conversaciones de diversidad de forma transversal), el Comité Internacional esté demás y donde ya no necesitemos usar el adjetivo “internacional”.

 

NOTAS:

[1] Personalmente, creo que aún podríamos hacer un mejor trabajo disminuyendo los valores de inscripción. Una idea podría ser realizar la conferencia en lugares más baratos o colaborar con organizaciones culturales para compartir espacios. Como referencia, la inscripción para miembros para IASA (Asociación Internacional de Archivos Audiovisuales y Sonoros, siglas del inglés) el año pasado fue entre USD$212 – $300, conferencia realizada en Berlín. La de AMIA fue de USD$345 to $445.
[2] Colegas de algunos países europeos por ejemplo podrían cubrir los costos de asistencia, como dije, no es sólo un problema económico.
[3] Estoy consciente de que hay muchos profesionales en Norteamérica que tampoco pueden costear su asistencia a AMIA, pero como alguien que ha experienciado ambas realidades, también estoy consciente de que algunos participantes extranjeros enfrentan aún más dificultades financieras, en algunos casos, incluso problemas con sus instituciones pues éstas no consideran el desarrollo profesional como una inversión valiosa o porque prefieren no apoyar a trabajadores que no tienen el estatus de empleado.

 

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AMIA Conference 2017: Diversity, equity, inclusion and international participation

(Originally written in Spanish)

 

The last two AMIA Conferences (Association of Moving Image Archivists) have had a special and necessary focus with the goal of going beyond the discussion of our professional daily activities and focusing on the culture and environment offered by the organization to its members, the organization’s mission and the collective vision.

First of all, the conversations on diversity at AMIA are certainly not new among its members, but it’s worth highlighting that these are happening in a formal framework, which is evidence of the interest in making progress with these subjects—from both the board, as well as from its constituents. For this reason, I think it’s key that the members of AMIA’s international community reflect on this issue, to integrate ourselves in the debate, and to be more active in the journey toward inclusion. On the other hand, it is also not new that AMIA has historically been an organization mainly composed of American professionals and that international participation has always been limited and tends to be segregated, which obviously does not favor integration of new voices, ideas, and points of view to our field from a wide spectrum. Although my perspective is from a member from a country with less resources, I believe that these issues apply to the whole international membership, whether in well financial stand or not; the question is not only about resources but also about representation.

The keynote speaker this year was DeEtta Jones, an expert in workplace culture, diversity, inclusion, and social justice. In her presentation, DeEtta emphasized two key concepts that I would like to analyze from the perspective of our minority: equity and inclusion.

I will try to explain briefly (certainly without the skills and knowledge of the expert!) the definitions DeEtta presented. She illustrated the difference between equality and equity with the well-known cartoon of the children watching a baseball game (see above).

The image on the left shows “equality,” where all children are presented with the same opportunities, but their disparate conditions mean that not all of them enjoy the same benefits. The image in the center demonstrates “equity” as it is typically practiced. Everyone has the same benefit, but it requires that something is taken away from one person or given to another. For this reason, it is a false equity. As long as the resources and conditions come together to make this possible, all is well, but resources are not infinite and when the resources become scarce and the conditions change this equity begins to break down. An additional issue is that these acceptable benefits are set according to those in positions of privilege, in this case, being able to watch over the fence. The third image is the ideal: the true problem is not the individuals and their characteristics, but their context. In the image, the real problem is the wooden fence that prevents all children from enjoying the game equally no matter what their individual conditions are.

In the context of AMIA, from my perspective, we can find clear examples of situations one and two. An example of equality was the conference registration fee, which used to inhibit attendance by professionals from countries with less resources (now we have a sliding scale, although fees continue to be high) [1]. An example of the second situation is financial support and travel grants offered to partially cover attendance and travel costs. Far from disagreeing with these opportunities—I have received (with much gratitude) this support in the past myself—I believe these are not the final answers to the problem of lack of international participation.[2] In this case, attending the conference (which has never happened outside North America) represents the acceptable standard, the aspiration, this is our equivalent to “looking over the fence”. Lowering this access barrier for under-resourced members is only possible with more economic resources, which are scarce and limited. Furthermore, attendance to the conference requires more resources from a member of a country with less resources than from a local member, added to the income difference, in many cases way below the American standard, which reinforces inequality.[3]

I published it on Twitter and I repeat it: the wooden fence of AMIA is taking the conference (or bringing the organization closer) to international members, not the other way around. This does not necessarily require literally bringing the conference to other latitudes—which many of us would appreciate—but might also consist of bringing AMIA’s resources and benefits to those who don’t have the resources to attend events in person. This debate also happened in AMIA’s forums, especially among members of the International Outreach Committee, while redefining its mission for the first time since the committee was created. Technology should facilitate this task: websites, webinars, online publications, live transmissions, contact lists and forums, etc. The sky’s the limit.  

To reach equity effectively, language is obviously a problem we cannot avoid. Fortunately, and thanks to the volunteers of our international membership that will translate its content, the new AMIA website (to be launched in the next weeks) will have initially a Spanish translation, which will be extended in the future to other languages as long as there are volunteer members who want to contribute with translation to them. I believe this is a fundamental step to initiate outreach to Hispanic communities, both in the United States and in Latin America, however, we could still do a better job integrating those international members who are able to attend, for example, offering simultaneous translation during the conference for at least some of the panels.

Now, access to the AMIA community and its resources is not enough to ensure inclusion. As DeEtta mentioned, diversity does not imply integration. It is not enough having a percentage of international participants and panelists to ensure a professional dialogue among us. International participation at AMIA, although minimum, already exists, but it has proven difficult to integrate ourselves in these dialogues. We tend to be “outsiders” and our issues and approaches are foreign to the discussions of the rest of the membership. Language has certainly much to do with this, since we are forced to express ourselves in a foreign language that often hinders the effectiveness of our discourse and does not offer a comfortable environment.

However, in spite of these difficulties, many of us appreciate and are aware of the benefits of being part of this community. AMIA has always been diverse thematically, although its membership is not. Its advantage lies in the fact that it is an organization of individuals, which naturally implies a certain freedom, a space for open and healthy conversations, experimentation and transformation. In the particular case of Latin American professionals, participating in AMIA has an added value since pressure from large organizations tends to silence mid-career technicians and professionals, who in many cases cannot participate in other international organizations in representations of their institutions. I do not want to forget to mention that I believe these international opportunities do not invalidate our current need for a regional organization in Latin America. In fact, it would serve as a bridge for a more active membership in organizations such as AMIA.

The beginning of open discussions around these subjects and the movement from concept to action for a more inclusive organization are good signs of improvement. As an organization of individuals, it also depends on us to take advantage of the existing opportunities and to create new ways of attracting non-American professionals who will contribute to the diversity of our community and finally its fair and balanced development. Our role as international members is to be the bridge that will allow us to reach out to more international professionals, to advocate in AMIA for effective inclusion, and to take advantage of the opportunities that AMIA offers to disseminate our work, knowledge, and resources to colleagues that currently do not have access to them. On the other hand, we also expect the organization to be committed to make these things happen, and this commitment implies vision, clear goals and eventually financial resources as well.

I wish for a future where, just like the Diversity Committee (which has voluntarily ceased functions with the goal of bringing diversity conversations to the whole membership), the International Committee will no longer be necessary and we will not need to be called “international.”

 

NOTES:

[1] Personally, I still think we could do a better job lowering conference fees. Hosting the conference in venues that are cheaper or partnering with cultural organizations to share spaces would be one idea. As a reference, registration for IASA last year was between USD$212 – $300 for members, which took place in Berlin. AMIA’s was USD$345 to $445.
[2] Colleagues in some European countries, for example, could afford to attend, as I said, it’ not only a financial issue.
[3] I am aware that there are many professionals in North America who can’t afford to attend AMIA, but as someone who has experienced both realities, I am also aware that some foreign participants face even more financial difficulties, in some cases, even issues with their institutions which do not consider professional development as a worthwhile investment or are not willing to support staff members who do not have the status of employee.

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